Y es en las ultimas horas, donde todo se hace eterno, todo se congela.

Tanto tiempo, buenos y malos momentos, pero buenos en conjunto, recorren mi mente alejandome de la paz que tanto ansía mi interior, haciendome mojar de lágrimas amargas la almohada.

Todo está en tus manos. Siempre lo estuvo. Mi tranquilidad, mi confianza, mi alma. Todo lo que fuí y soy, ha estado siempre pendiendo de un hilo justo sobre tus manos. Y decidiste abrir tus dedos y dejarme caer al vacio de este horror de soledad al que me veo condenado.

Y ahora, me preguntas por esperanzas. Y de nuevo, vuelvo a responderte lo mismo: Todo está en tus manos. Siempre lo estuvo. Tan solo pongo una condición, que no es otra que la extrema sinceridad y respeto. Es lo único que nos queda, y lo único que puede avivar lo poco vivo que está muriendo en mí. Por mucho que el corazón te tiemble al decirme la verdad, no la apartes de mí, porque es la única que me da luz.

Vuelvome a empapar del sudor de estas lágrimas amargas en mi cama. Ya es un año más tarde esta noche, aunque en realidad no haya pasado más que unos minutos en mi reloj. Ya soy una década más viejo, ya estoy casi roto... como mi corazón...

 

... que está en tus manos. Siempre lo estuvo. Siempre que exista verdad.



Pequeña camisa, de viejos botones. Cuánto tiempo ha pasado, desde que te dejé tendida en el suelo.

Pequeña camisa, que mi alma arropaste, ven a mí, y vuelve a vestirme. Pues el mundo aún es frío, y tiembla mi esencia, ridícula, por ser tan atrevida, y avalanzarse, desnuda, sin saber que quizá, es pronto, que quizá es tarde, o que quizá no existe el momento, para darse al mundo.

Pequeña camisa, de viejos botones, de largas mangas como caminos de lágrimas en mejillas temblorosas, esconde lo que el mundo no quiere ver, y tápalo, no lo dejes nunca salir. Porque a veces, destapada mi alma, déjase llevar por la libertad del tiempo, y salta al vacío extendiendo sus alas. Pues es tanta la ilusión y el nerviosismo, que se olvida de aletear, y cae igualmente tal como una piedra se hunde al fondo de un estanque.

Pequeña camisa, de viejos botones. Vuelve a dar cobijo a esa parte de mí, que entiende que en este momento, hay infinidad de personas en el mundo, huyendo asustadas o volviendo a casa, contando mentiras para pasar el día, o afrontando la verdad de cada momento. Unas malvadas, en guerra con lo benevolo y otras buenas, dialogando con lo malvado.

Pequeña camisa, de viejos botones. Abróchate fuerte, y no me sueltes, que aunque hay infinidad de personas en el mundo, todo lo que necesito para vivir es una de ellas...

... y hoy, me ha fallado.


Todo a mi alrededor son caras conocidas. Lugares y caras desgastadas. Oculto mi cabeza, porque quiero ahogar mi dolor. Para mí no hay mañana. No hay mañana.

Y me parece gracioso, a la par que triste, que los sueños en los que estoy muriendo sean los mejores que jamás tendré.

Y me parece dificil decirtelo, me parece dificil aceptar, que la gente corre en círculos, y que este, es un loco, muy loco mundo.

Vuelvo, despues de tanto tiempo, a gritar en este vacío. Vuelvo siendo otro, distinto. Más viejo, más ajado, más roto.

Dejaré que mis pensamientos tomen forma por si solos, pues a veces son tan fuertes, tan chicos o tan amargos, que no se pueden ordenar ni comprender de modo alguno. Y aún dejando que mis dedos se adueñen del teclado, noto tal pesumbre que apenas juegan con estas letras que escribo.

Y es que aún no sé si puedo vivir volviendo a ser el mismo que hace algunos años era. Aún no sé si quiero volver atrás, y reencontrarme con ese yo perdido, que no conoció dolor alguno como el que he sufrido. Y aún de ser posible, no sé si tendré el valor de poder olvidar lo que ha acontecido.

Siento que donde hubo un "dijimos", solo ha habido un "dije". Donde hubo un "amamos" solo queda un "amo". Siento que de todo aquello que fuimos, solo fue verdad una parte, y es la que hoy me hunde, ahogandome en un abismo del que aún, parece que no encuentro el fondo.

A tu espalda estuve, todo este tiempo, para aguantar contigo, el vaivén de este mundo. Tanto para lo bueno, como más para lo malo. Si alguna vez tenía que ausentarme, elegí hacerlo cuando reías, pues es mejor estar cuando lloras, para intentar evitarlo juntos. Estuve apuntalando cada grieta que el mundo nos causaba, a tu espalda. Y hoy, descubro que eso mismo es lo que me has dado: la espalda.

Quizá solo fuese un momento. Quizá solo un instante, apenas comparable a todo el tiempo que en lugar de la espalda, me has dado la mano. Pero, tambien la explosión de una estrella se produce en apenas segundos, y sin embargo su brillo perdura en el cielo durante miles de años. Así mismo tengo que descubrir cuanto de mí ha desolado ese brillo que has tenido.

Creía que descansando, lo vería todo más claro. Pero desde la primera luz del día, lo único que he tenido claro es, que si el cuerpo vive del alma, pueden llevarse el mio, porque este espíritu ya está podrido.