La definición borrosa de lo incomprensible. La línea difusa entre lo posible y lo imposible. Cientos de posibilidades concentradas en una sola palabra, en un solo punto. El todo y la nada en el mismo instante. Eso es un milagro.

Lo bueno de intentar definir la palabra milagro, es que no se puede hacer de manera objetiva. Es un termino innegablemente subjetivo, pues implica a lo ocurrido y al que lo contempla. Podría usar 1000 vidas como la mía, preguntando a cada corazón de cada persona lo que significa para él o ella la palabra milagro, y no habría dos significados iguales, y todos serían igual de importantes.

Todos serían hermosos, en cierto modo, para mí; mas ninguno más bonito que otro. Ninguno salvo el mio.

Porque mi milagro concentra la belleza de cada una de esas definiciones, pues me lo da todo. Pero tiene algo que ninguno tiene: un nombre.

Soñé con la esperanza y con el cambio. El fuego, el amor, la muerte. Hasta que sucedió: el sueño se hizo realidad. Y la respuesta a esa busqueda, por fín se hizo visible, como la luz deslumbrante del nuevo amanecer. La misma luz con la que llena la habitación en la que entra.

Y es que mi acepción de milagro es más preciosa que las demás, porque es milagro, y es persona. Porque me lo da todo, sin nada a cambio. Porque convierte lo mundano en extraordinario, y lo extraordinario en fantástico.

Contigo solo soy una pluma de cariño que maneja el viento de mi destino a tu antojo. Rezo porque aún quieras seguir escribiendo conmigo las paginas de esta vida juntos. No dejes jamás de darme papel, porque la tinta corre fugaz e inacabable por mis venas.

Mi definición de milagro tiene nombre, y es el pilar de mi vida.