Pequeña camisa, de viejos botones. Cuánto tiempo ha pasado, desde que te dejé tendida en el suelo.

Pequeña camisa, que mi alma arropaste, ven a mí, y vuelve a vestirme. Pues el mundo aún es frío, y tiembla mi esencia, ridícula, por ser tan atrevida, y avalanzarse, desnuda, sin saber que quizá, es pronto, que quizá es tarde, o que quizá no existe el momento, para darse al mundo.

Pequeña camisa, de viejos botones, de largas mangas como caminos de lágrimas en mejillas temblorosas, esconde lo que el mundo no quiere ver, y tápalo, no lo dejes nunca salir. Porque a veces, destapada mi alma, déjase llevar por la libertad del tiempo, y salta al vacío extendiendo sus alas. Pues es tanta la ilusión y el nerviosismo, que se olvida de aletear, y cae igualmente tal como una piedra se hunde al fondo de un estanque.

Pequeña camisa, de viejos botones. Vuelve a dar cobijo a esa parte de mí, que entiende que en este momento, hay infinidad de personas en el mundo, huyendo asustadas o volviendo a casa, contando mentiras para pasar el día, o afrontando la verdad de cada momento. Unas malvadas, en guerra con lo benevolo y otras buenas, dialogando con lo malvado.

Pequeña camisa, de viejos botones. Abróchate fuerte, y no me sueltes, que aunque hay infinidad de personas en el mundo, todo lo que necesito para vivir es una de ellas...

... y hoy, me ha fallado.

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