Vuelvo, despues de tanto tiempo, a gritar en este vacío. Vuelvo siendo otro, distinto. Más viejo, más ajado, más roto.

Dejaré que mis pensamientos tomen forma por si solos, pues a veces son tan fuertes, tan chicos o tan amargos, que no se pueden ordenar ni comprender de modo alguno. Y aún dejando que mis dedos se adueñen del teclado, noto tal pesumbre que apenas juegan con estas letras que escribo.

Y es que aún no sé si puedo vivir volviendo a ser el mismo que hace algunos años era. Aún no sé si quiero volver atrás, y reencontrarme con ese yo perdido, que no conoció dolor alguno como el que he sufrido. Y aún de ser posible, no sé si tendré el valor de poder olvidar lo que ha acontecido.

Siento que donde hubo un "dijimos", solo ha habido un "dije". Donde hubo un "amamos" solo queda un "amo". Siento que de todo aquello que fuimos, solo fue verdad una parte, y es la que hoy me hunde, ahogandome en un abismo del que aún, parece que no encuentro el fondo.

A tu espalda estuve, todo este tiempo, para aguantar contigo, el vaivén de este mundo. Tanto para lo bueno, como más para lo malo. Si alguna vez tenía que ausentarme, elegí hacerlo cuando reías, pues es mejor estar cuando lloras, para intentar evitarlo juntos. Estuve apuntalando cada grieta que el mundo nos causaba, a tu espalda. Y hoy, descubro que eso mismo es lo que me has dado: la espalda.

Quizá solo fuese un momento. Quizá solo un instante, apenas comparable a todo el tiempo que en lugar de la espalda, me has dado la mano. Pero, tambien la explosión de una estrella se produce en apenas segundos, y sin embargo su brillo perdura en el cielo durante miles de años. Así mismo tengo que descubrir cuanto de mí ha desolado ese brillo que has tenido.

Creía que descansando, lo vería todo más claro. Pero desde la primera luz del día, lo único que he tenido claro es, que si el cuerpo vive del alma, pueden llevarse el mio, porque este espíritu ya está podrido.

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