Y es en las ultimas horas, donde todo se hace eterno, todo se congela.

Tanto tiempo, buenos y malos momentos, pero buenos en conjunto, recorren mi mente alejandome de la paz que tanto ansía mi interior, haciendome mojar de lágrimas amargas la almohada.

Todo está en tus manos. Siempre lo estuvo. Mi tranquilidad, mi confianza, mi alma. Todo lo que fuí y soy, ha estado siempre pendiendo de un hilo justo sobre tus manos. Y decidiste abrir tus dedos y dejarme caer al vacio de este horror de soledad al que me veo condenado.

Y ahora, me preguntas por esperanzas. Y de nuevo, vuelvo a responderte lo mismo: Todo está en tus manos. Siempre lo estuvo. Tan solo pongo una condición, que no es otra que la extrema sinceridad y respeto. Es lo único que nos queda, y lo único que puede avivar lo poco vivo que está muriendo en mí. Por mucho que el corazón te tiemble al decirme la verdad, no la apartes de mí, porque es la única que me da luz.

Vuelvome a empapar del sudor de estas lágrimas amargas en mi cama. Ya es un año más tarde esta noche, aunque en realidad no haya pasado más que unos minutos en mi reloj. Ya soy una década más viejo, ya estoy casi roto... como mi corazón...

 

... que está en tus manos. Siempre lo estuvo. Siempre que exista verdad.


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